Río Chicano

IMG-20160410-WA0018Hoy es día de salida corta, rápida y certera. Saliente de guardia después de una noche regulera viene muy bien un pateo por el monte con los amigos para desconectar la mente y hacer algo de ejercicio. Por mi saliente tenemos que empezar la ruta casi a mediodía, pero el tiempo acompaña a abordar este tipo de rutas ahora que el astro rey no golpea con toda su fuerza. Los domingos de saliente de ruta ya se están convirtiendo en costumbre, y en vez de ser día de reposo o estudio, cualquier excusa es buena para “enmatojarse”.

Finalmente somos cuatro valientes los que nos adentramos en el monte, y previa discusión sobre si vamos al cañón de almadenes o no, nos decantamos por esta ruta sin mucho peligro ni longitud, aunque no de menor enjundia. Cuando ya estoy listo, los del equipo La Flota quedamos en casa de Chicano y recogemos a Irene en Molina. Tras hacer un adelantamiento a lo Fitipadis y un STOP de libro frente a las fuerzas de seguridad del Estado, llegamos al inicio de nuestra ruta, donde nos encontramos un autobús que nos dice que la ruta es por ahí.

IMG-20160410-WA0010Tras dejar el coche nos metemos en un camino que va paralelo al río Chicamo, y la primera impresión es de agua límpida y transparente, aunque ese primer tramo no es muy atractivo para bañarse por las algas. Ni los demás tampoco como veremos después. En un cruce dubitativo tomamos el margen izquierdo del río y vamos detrás de otro grupo que parece que saben dónde van. Al poco de seguir ese camino llegamos a una zona con una balsa que si parece apta para el baño aunque con el agua un tanto turbia. Seguimos por el camino ancho y tras pasar un cartel con un mapa de la zona nos metemos en la parte más atractiva de la ruta. El río se va encajonando entre la montaña y cada vez la vegetación aumenta más, vamos sorteando muchas plantas, por un sendero de dos palmos de ancho, que cruza una y otra vez el cauce. En este primer tramo vamos aguas abajo, cada uno incluso por un sitio, pues parece que hay hasta dos caminos, uno a cada lado del río. Durante algunos estrechamientos de la garganta se notaba fresco y humedad. Entre subidas y bajadas, apartar ramas, trepadas y saltar el río sobre las piedras o troncos, parecíamos aventureros en la selva.

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De repente nos encontramos que el cauce se estrecha mucho y un paisaje mucho más rocoso y sin vegetación. En ese tramo nos tomamos un respiro y nos deleitamos con el reflejo de las ondas del agua en la roca tras haber tirado Chicano un pedrolo a su poza. Su poza, porque todo esto es suyo, heredado del clan Chican(m)o. Bueno, nos ponemos serios y aquí nos enfundamos los escarpines y las chanclas e irremediablemente nos tenemos que meter al agua. Los demás la evitan más que yo, que me meto hasta casi la cintura. A la próxima no me traeré los escarpines, me estoy dejando los pies con las piedras. Después de este tramo complicado en el que hay que destrepar un poco y caer al agua, pasamos por lo más bonito de la ruta para mí. Un tramo en el que vamos por el agua, que sólo nos llega hasta los tobillos y la garganta tiene unos 3-4 metros de ancha. La Garganta del Cager se llama.

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Tras salir de la garganta, el cauce del río de abre por completo y las paredes se quedan separadas más de 100 metros. Nos ponemos las botas para acabar con el sufrimiento y nos encontramos a un grupo de gente que iba de picnic que nos preguntan por la ruta y si podrán subir por allí.

IMG-20160410-WA0011Seguimos por un camino paralelo al río ya sin tanta vegetación ni tanta aventura pero con huertos y granados y llegamos a la carretera, donde tenemos que empezar el camino de vuelta. El trazado ahora es totalmente diferente, por la parte más alta de la montaña, casi haciendo campo a través, y entre los badlands y el esparto de la zona hemos pasado de la selva al desierto en cinco minutos. No me extraña que le pusieran a esta zona la Palestina de Abanilla, es que no hay ni un árbol. Menos mal que la temperatura acompaña, y la crema protege. Durante toda la vuelta iba a tener que ir mirando el trazado del recorrido en la imagen por satélite pues aunque me descargué la ruta para seguirla por GPS, no me acordaba que borré la aplicación de las rutas y ahora tenía el móvil demasiado lleno como para instalar más cosas. Mis compis me han comprendido y en ningún momento se han cabreado por las de vueltas que les he hecho dar (aquí habíamos venido a andar oye). Y luego también es verdad que el que homologó el camino y puso los mojones no estaba muy inspirado ese día, porque el camino se intuía si te lo imaginabas, porque claro claro sólo estaba en el mapa.

IMG-20160410-WA0013Llegamos a la cima de la montaña donde divisamos muchos de los paisajes y pueblos de alrededor. Una garrapata de repente dice de ponerse en mi pierna, pero antes de que le de tiempo a picarme ya le había dado una sacudida. Tras encabezonarme en subir a la parte más alta de la montaña y perderme otra vez y tener que dar la vuelta, bajamos por una senda poco transitada y muy pedregosa que nos cuesta un resbalón y un sustillo.

IMG-20160410-WA0022La última parte de la bajada es por una cantera de tierra ferrosa rojiza en la que ya vamos viendo el coche y deseando llegar porque se nos había pasado ya la hora de comer. Cuando por fin llegamos el coche, Cases efectúa una llamada a su tío para interrumpirle la siesta y preguntarle algún lugar decente para comer, y nos recomienda un sitio que es ideal para terminar el día. El restaurante Los Collares tenía una terraza a la sombra de la vid precioso. Todo lleno de plantas, objetos rústicos, y sobretodo la sombra y las condiciones en las que se estaba allí eran dignas de sultán árabe. Además rapidez en servirnos, camarero simpático, buena comida, buenos postres, té y licor de mora para ya ponernos la puntilla. Gran día.

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Awesome Pirineos

DSC_0066Cuatro amigos, una furgoneta y un simple objetivo: pasar un finde de deporte, montaña y aventura por los cerros de los Pirineos. Desde febrero sabíamos de la organización de un fin de semana de deporte, ocio y montaña en andorra y sea como sea, la ilusión nos hizo que rápidamente hiciéramos la inscripción casi sin ser conscientes de dónde nos metíamos. De hecho, los únicos que mantuvimos la elección inicial fuimos Juan y yo. Jesús se cambió a sólo MTB y Álvaro a pocas semanas de la carrera decició no correr por un problema de rodilla.

Justo por esa época también empezaron a surgir rumores de enlazar el periplo por Andorra con un posible viaje a Berlín y a Polonia, coincidiendo con el Woodstock Festival que era los días posteriores. Ya metidos en Marzo, mi plaza FIR estaba asegurada y de momento no podía hacer planes tan a la ligera, así que opté por no reservar nada y en todo caso conformarme con el viaje a Andorra. En el servicio me dijeron que mis vacaciones serían a finales de septiembre o en Octubre y no me dieron otra opción. Insistí brevemente, pero al parecer no se le puede pedir demasiado a la Jefa. Lloros aparte, me tendría que centrar en lo que sí podía hacer y en aprovechar al máximo el fin de semana.

DSC_0063La fase de entrenamiento previa a la prueba reconozco que no me la tomé muy en serio. Ya salía a correr un par de veces por semana con Álvaro o yo sólo, y a eso se le sumó que empecé a correr con el grupo del gimnasio. Ya el último mes hice tres salidas largas de rodaje específico por montaña para probar las rodillas en el terreno, y pude comprobar que no iba tan mal como para terminar la prueba sin grandes sufrimientos. En cuanto a los otros zánganos, Jesús se preparó bastante bien y Juan algo menos. No estaba en su pico de forma.

Pues así, en esas condiciones, nos apuntamos a las sucesivas carreras. Partimos de madrugada, viernes, sobre las 3 de la mañana. Hasta los grillos estaban durmiendo. En mitad de ese enorme silencio nocturno  esperamos Jesús y yo en la salida de nuestro garaje a esperar a Juan con su furgo. Desmontamos las bicis de Jesús y Juan, y tras perder un tiempo valiosísimo haciendo tetris con ellas las conseguimos meter al maletero de la furgo junto a todas las mochilas, bártulos y tiendas de campaña. El espacio quedaba tan justo que hasta tuvimos que viajar con una rueda en los asientos traseros. Superado el trance, recogemos a Álvaro que puntualmente (recalco) nos esperaba bajo su casa y por fin, carretera y manta.

DSC_0068El primer tramo conduce Juan. Mientras tanto aprovecho para sacar mi pack de la bella durmiente y dormir un poco más antes de coger el volante. Antifaz, tapones y asiento de atrás. Directo a sueño REM. Por Font de la figuera paramos en una BP y tomo yo las riendas después de llenar mis venas de cafeína y glucosa. Recuerdo la sensación de ir conduciendo sin apenas tráfico, con todos durmiendo, y ver aparecer los primeros rayos del sol iluminando un cielo todavía azul oscuro. A la altura de Tarragona paramos a descansar en uno de los famosos Autogrill y aparte de desayunar como marqueses, nos funden vivos la cartera. Donde también nos funden es en los peajes. De aquí para arriba es un no parar. Cuando el GPS te indica que la ruta es sin peajes te meten dos o tres. Tendré que actualizarlo, por cierto.

DSC_0069Tras cruzar el Ebro, conforme nos vamos acercando a Barcelona aumenta bastante el tráfico, pasamos por varias zonas industriales con algunas factorías con tubos enormes que a Álvaro le recuerdan a Mad Max. El periplo por Barcelona era necesario por Álvaro, para que se matriculara en la Facultad de Traducción para el curso que viene. Lo habían aceptado seguro, pero el plazo de matrícula no empezaba hasta el Lunes. Llegamos al campus, se metió a la secretaría, y tras insistir en que no podía matricularse otro día, Álvaro salió de la secretaría del centro con la sonrisa en la cara. La administrativa que lo atendió casualmente era de Murcia y al despedirse le dijo literalmente algo así como: “Esto se merece unas morcillas y un pastel de carne”.

Con la dopamina por las nubes, tiramos para Andorra. El día ya estaba bastante avanzado y todavía no habíamos comido. Paramos en un pueblo de montaña ya en el prepirineo y compramos unas barras de pan para hacernos unos bocadillos con el jamón que tiene Álvaro. Comida algo escasa para lo que nos queda por delante, pero suficiente como para aguantar hasta Andorra y cenar bien allí. Al poco de pasar ese pueblo comenzó a verse lo que realmente me gusta de esta zona. Las montañas.  La carretera de acceso a Andorra me era familiar de la otra vez que vine aquí. Impresiona ir por una llanura enorme con las grandes montañas al fondo de la carretera. Yo desde el asiento de copiloto pude contemplar los primeros pantanos enormes que se encajonaban entre los gigantes de piedra. Me ilusiono tanto que hasta le pido a Jesús la go-pro para inmortalizar el momento, pero al final paso de la cámara y me limito a disfrutar del paisaje por los que vamos pasando, como intentando retener en la retina una imagen fija de un vídeo en movimiento que es lo más parecido al ir en el coche. Hasta el tramo de carretera me gustaba, túneles, curvas, montañas a un lado y otro de la carretera, valles estrechos, cascadas de agua, bosques densísimos, hierba al borde de la carretera. Detalles que no se ven por el sur.

DSC_0070Desde la última vez que vine a los Pirineos hace ya 4 años, no recordaba lo inmensas que son estas montañas, y ya dentro de Andorra me acordé de bajar el cristal para respirar aire puro y recordar ese aroma. Al principio me olió como raro, hasta parecía algo podrido, lo describiría como de madera húmeda en descomposición. Al decir que olía mal Álvaro me contestó que entonces no había olido a naturaleza en mi vida. Es la falta de costumbre. Luego la nariz se acostumbra y ya no es lo mismo. Por eso quería tener la sensación de respirar el ambiente justo al llegar.

Nuestro hotel estaba situado un poco a las afueras de Andorra, en una cuesta y desde la ventana se podía ver una panorámica muy bonita de la ciudad y del balneario Caldea, que estaba muy cerca. Nuestra habitación estaba en el último piso, y el techo tenía forma triangular, por lo que tenía que andar agachado todo el rato excepto por una pequeña parte que era donde más alto estaba. Lógicamente, me di varios coscorrones en la cabeza e hice reir a los demás con ello. Descargamos las mochilas, elegimos cama en plan rápido y salimos apresuradamente a recoger los dorsales de las carreras y la entrada al circo del sol, que era a las 10 de la noche. Durante el paseo por la ciudad, Jesús que nunca había estado en DSC_0067Andorra se sorprendió un montón por el hecho de que esta ciudad fuera tan comercial, y no el típico poblado de montaña. El hotel donde recogimos los dorsales si que era de los lujosos del centro, de hecho estaba en la calle más comerial de Andorra. El salón que habilitó la organización estaba adornado con muchos pósters y pancartas y ya te empezabas a poner nerviosillo sólo de pensarlo. Nos dieron la bolsa con el dorsal que llevaba el chip desechable incorporado, una visera y unos calcetines.Vimos la gente que se apuntó a todas las modalidades y la verdad es que no había mucha gente. Al ser la primera edición no ha tenido mucha publicidad, pero por las cosas que incluye merece mucho la pena. Dentro de una hora iba a haber un briefing sobre el trail del día siguiente, pero como queríamos ir al circo del sol, le pregunté a un chico de por allí lo básico que tenía que saber y me dijo que el material que salía en la web. Nada que no supiera. Justo al salir del hotel fuimos a la explanada donde se hacía el circo del sol, que se supone que nos iban a dar entradas gratis por ser participantes de la carrera. Nos dijeron que teníamos que recogerlas una hora antes del espectáculo, así que aprovechamos para subir al hotel, comprar algo y pegarnos una buena ducha. Cada vez que subíamos o bajábamos del hotel al centro pasábamos por el río. Un río de los del norte, de los que suenan. Daba gusto escuchar y ver la velocidad que llevaba, no me imagino en invierno o primavera cómo tendría que ir de agua. Al subir por la orilla del río vimos los únicos sitios que estaban bien para ir de ocio nocturno, con sus terracicas y sus planticas para tomarse una cerveza con las vistas del río. Íbamos con prisa y no dio tiempo a relajarnos en esa terraza.

Solitario

Después de la ducha fuimos a sacar las entradas y a cenar en el primer sitio que pillamos. Muy cerca del jardín del circo del sol nos gustó un restaurante en el que comimos en cantidad, rápido, y a buen precio. Por mi parte cayó un rico plato de espaghettis, para cargar fuerzas para el trail del día siguiente. Justitos, llegamos al Circo del Sol. El escenario era enorme, una grada también enorme. No tenía ni idea de lo que podía ser. Álvaro nos lo recomendó y vaya que si tuvo razón. Primero empezaron unos acróbatas a dar saltos espectaculares desde una plataforma desde la que se tiraban y volvían a subir. Luego desde unas sillas lanzaban a otra persona con sus pies. Después la mujer de goma nos dejó con la boca abierta jugando con una gran bola de cristal. Luego la pareja del aro volador. El equilibrista del slackline. Otro equilibrista chalado. No podían faltar las piruetas de una pareja cogidos a las sábanas largas como les digo yo, y por último el columpio gigante y la locura de saltos que pegaban. Una de las cosas que más me asombraba era el hecho de que hacían muchas piruetas en el aire y en movimiento, suspendidos por una cuerda o con nada. El espectáculo de luces y sobretodo la música ayudaban también muchísimo. Reconozco que se me puso la piel de gallina en varias ocasiones y los saltos y acrobacias finales fueron totalmente deslumbrantes.

20150725_080836El día ya estaba echado, después del largo viaje y poco dormir al menos a mí me tocaba recuperar horas de sueño para la mañana siguiente, que también tendríamos que madrugar mucho. Debido al cansancio, nos dormimos al instante todos y hasta me tuve que tapar a media noche por el fresquillo que entraba por la ventana. Ese tiempo para ser verano de todas maneras es un lujazo. No como en Murcia. A la mañana siguiente tras prepararme aprisa y corriendo bajamos a tomar el desayuno a las 6:30 de la mañana y cogimos la furgoneta para llevarme a la carrera. Por lo que calculaba no íbamos muy bien de tiempo, y Juan me hizo el favor de subir el puerto de la Rabassa raudo y veloz aunque no demasiado. Tanto tiempo planificando la carrera para que se nos hiciera tarde. Somos así.

Le pedí  a Jesús la go-pro para hacer algún vídeo durante el recorrido pero con los nervios de llegar tarde decidí dejarla en el coche. Afortunadamente, cuando llegamos me enteré por megafonía que habían retrasado media hora la salida de la prueba por la niebla de las cumbres. Me vino muy bien para relajarme un poco y poder calentar bien. Una vez en la línea de salida mis amigos me acompañaron durante el calentamiento, y mientras estaba allí ya me entraban los nervios buenos, los de la ilusión por empezar la carrera. Veía a los pros que iban de postureo, con sus medias de compresión y sus pedazo de camelbaks y te imponía un poco al compararla con la mía que era una mini mochila. Pero luego en realidad gracias a los avituallamientos no necesité más mochila. Si hubiera llevado una más grande podría haber hecho la carrera entera sin necesidad de cargar agua y comida pero prefería una mochila pequeña para poder correr más rápido. Mi objetivo era acabar y disfrutar la carrera sin sufrir, pero en el fondo sabía que no me iba a ir sin apretar los dientes.

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Una vez que nos agrupamos en la línea de salida los pelos se nos ponen como escarpias. Todos los corredores pegando salticos, empieza la musica épica y el speaker chillandonos literalmente, te pone a cien. Me encomiendo a los santos, deseo suerte y ánimo a los de mi alrededor, y dan el pistoletazo de salida. Me despido de mis amigos haciendo un poco el tonto y empezamos los primeros repechos bastante fuerte. Estos primeros tramos son de pista pedregosa. Todo pica hacia arriba durante los primeros 6 kilómetros, hasta llegar al Pic Negre, donde giraremos para empezar lo bueno de la ruta. De momento vamos por una zona boscosa muy bonita, llena de los pinos negros típicos de los pirineos. La gente va muy inquieta estos primero kilómetros, y sin querer voy perdiendo posiciones a costa de mantener mi ritmo e ir entrando poco a poco mis músculos en calor. Más tarde se pueden ver algunos abetos enormes, y al sacar la vista de la pista se ve todo tan lleno de matorral que si a alguien se le ocurriera sería imposible caminar por mitad del bosque. De repente, acaban todos los árboles y aparece un gran páramo rocoso mezclado con un lecho amarillo de hierba, indicativo de que el oxígeno ya empieza a escasear por esa zona.

Aquí ya se empiezan a marcar diferentes grupos, ya la gente con la que empiezas aa juntarte tiene tu mismo ritmo. En las subidas de más pendiente va todo el mundo callado, aprovechando cada bocanada para respirar hondo, y sólo en los tramos más planos se puede tomar algo de aire. Cerca del Pic Negre tenemos el primer avituallamiento, y como había bebido muy poca agua y no había forzado casi nada decido no parar siquiera, buffaunque no soy el único. Ya casi en el tramo más alto no se ve ni hierba. Empieza a ser todo piedra y gijarros afilados por los que tenemos que ir corriendo, a veces sobre ellos mismos, o a veces por una estrecha senda que nos facilita la pisada a nuestros ya fatigados pies. Por ese tramo recuerdo que se pusieron detrás de mí un buen rato un par de corredores, a los que cedí el paso y dejé que pasaran. Luego me puse detrás de ellos y nos pusimos a hablar. Eran de Zaragoza y era la primera vez que se apuntaban a un trail. Para mí era el segundo trail, pero por lo que me contaron, ellos entrenaron por sus montañas bastante más que yo por las mías de Murcia. Les cogí el ritmo un rato pero al comenzar la bajada se me escaparon.

Las nubes y la niebla iban y venían por momentos y no veías más allá de 50 metros cuando era densa. Por suerte, durante la bajada no llegó a espesar mucho la niebla, porque fua algo más técnica de lo que me esperaba. Al ver la primera bajada los compañeros que tenía a mi lado gritaron lo mismo yo: -¿A la organización se le ha ido la chaveta o qué?- ¡¡Achooo!!- Ahí había que olvidarse de bajar corriendo, más bien había que ir apoyando las manos en todos lados como destrepando. De hecho íbamos por la cresta de la montaña y daba bastante vértigo porque un mal paso y a un lado tenías un precipicio, al otro lado otro precipicio y hacia delante no estaba plano sino que picaba para abajo y había que ir con mucho cuidado pisando sobre las rocas desnudas.

RocasAl terminar ese tramo de bajada vino otro menos técnico pero muy entretenido pues íbamos por el vértice de la montaña pero esta vez en plano, y ahí ya se podía ir algo más rápido e incluso podías levantar la mirada para contemplar lo que teníamos a cada lado. Eran los tramos más altos de la ruta pero por desgracia las nubes nos tapaban bastante la vista. Después de esa bajada subimos por otra zona técnica todo el rato trepando que me extrañó porque subía más de lo que parecía en el perfil de la carrera. Durante estos tramos técnicos, como no podías ir más rápido por lo escarpado del terreno, vas recuperando, y puedes hablar algo con el de delante, o pararte brevemente a mirar el paisaje. Recuerdo también que las condiciones climáticas no eran las idóneas, en esos picos. Se movió algo de ventisca y hasta se me llegaron a helar un pco los dedos de las manos, pero como no me notaba frío en el torso no me llegué a poner el cortavientos, aunque deberia habérmelo puesto. Al pasar la subida técnica y pedregosa bajamos por el otro lado de la montaña y Mataoesta bajada ya era menos pronunciada y se podía bajar corriendo sin miedo a caer. Primero vino un tramo largo de césped y rocas en el que no había un sendero claramente marcado y cada uno bajaba por donde quería. Luego la pendiente bajó aún más y en esa zona sí que decidí apretar un poco porque me encontraba realmente bien. Tenía la pendiante justa como para ir rápido pero sin desgastarte demasiado las rodillas al ir frenando, y aprovechando mi zancada y velocidad, adelante a mis amigos zaragozanos y a mucha gente más. El sol salió, lo que me impulsó todavía más a correr más rápido. Durante esta bajada larga y poco pronunciada pasamos por lugares realmente bonitos que por el hecho de ir corriendo no llegué a apreciar bien. Algunos prados de césped llenos de vacas, vadeamos varios riachuelos pisando sobre las piedras, y pasamos por un par de lagos de montaña preciosos. Por este tramo era todo césped y sólo algunos árboles sueltos. El terreno era muy cómodo para correr. Parecía Heidi. Las rodillas respondían perfectamente a todo lo que le pedía, y en ningún momento de la carrera sentí molestias por suerte, o por lo que sea.

PayacaEn unos de los riachuelos escuché un golpetazo y al mirar atrás ví que se había caído un chico al río. Menuda faena, menos mal que ya hacía calorcito y sólo quedaba una última subida donde quizás se le secara la ropa sin pasar mucho frío. Justo antes del siguiente avituallamiento que estaba en un refugio, ya picaba otra vez para arriba, y pregunté a un chico si era normal que subiéramos tanto porque no me cuadraba el perfil. Me dijo que la organización había variado el recorrido y lo habíamos hecho al revés. Yo con el lío de la niebla, la velocidad y la adrenalina de la bajada no me había dado cuenta, y eso que había mirado la ruta antes detenidamente.

En el avituallamiento recargué la camelbak de una mezcla de agua e isotónica, me comí el plátano y las barritas que llevaba, más un poco de frutos secos y gominolas que había allí. Me pude sentar y todo a descansar unos minutos y disfrutar del entorno. Los voluntarios de la organización que allí había no paraban de animar a la gente y te sacaban una sonrisa para afrontar el último pico. Dejé el refugio y como quería hacer algo la digestión me puse al ritmo de un chico joven y una mujer mayor, que luego resultó ser su madre. Entablando un poco de conversación me enteré que eran de Alicante y me contaron que ya se habían apuntado a varios trails. Con el tiempo me fui dando cuenta que no llevaban un ritmo tan bajo y hasta me atrevería a decir que la madre llevaba mejor cara que yo en la subida. De Yo mismoeste tramo recuerdo una parte que me dio bastante vértigo porque íbamos por una senda bastante estrecha y por la cara de una montaña muy vertical, con una gran caída a mi izquierda. Tenías que ir atento al suelo y concentrarte en pisar bien y guardar el equilibrio para no tener ningún susto. Afortunadamente sólo fueron unos 200 metros y después la subida no tenía peligro, aunque sí pendiente. Otra vez habíamos cogido altura y al ir subiendo, vas mirando más al suelo que hacia arriba, pero cada vez que levantaba la vista era impresionante. La niebla se había ido y se podían ver muchas más sierras a lo lejos, y todo el valle por el que habíamos bajado. Desde este mirador la tierra era yerma, de color violácea, pizarrosa, y surcada por pequeñas cárcavas provocadas por la fuerza del agua. Bastante diferente del de metros más abajo, totalmente cubierto de verde y de abetos. Aún así, cuando llegabas arriba y veías toda la arista de la montaña desnuda te quedabas impresionado por lo grandiosas que son, y lo pequeños que somos nosotros. Tras recuperar un poco el aliento, llegamos caminando por la cima de la montaña al último avituallamiento, en el que sólo repongo agua y cojo un trocito de barrita.

rioSólo quedaba la última bajada, por el mismo camino por el que habíamos subido al principio. Seis cortos kilómetros en los que rezaba por que mis rodillas aguantaran. En esta última parte fui mucho más conservador, seguí con la familia alicantina, que llevaba un ritmo aceptable para mí. Los primeros tramos son muy entretenidos, con una senda estrecha en la que tienes que ir pisando bien, más bien yendo de un lado a otro para guardar mejor el equilibrio y tomando las curvas con precaución también para no derrapar. No imaginaba que bajar corriendo por la montaña fuera tan divertido, pero en los tramos de senda estrecha y no muy empinada descargué bastante adrenalina. Cuando la pendiente aumentaba, el esfuerzo de frenado sobre las rodillas y tobillos aumentaba, por lo que ese sufrimiento constante de ir frenando no te permite dejarte llevar y acelerar sin miedo como en el tramo anterior.

Matao bajandoComo veía que me encontraba realmente bien, dejé a los alicantinos atrás casi sin querer, y empecé a adelantar corredores poco a poco. En una bajada de pista con bastante pendiente se me puso un chico de mi edad detrás de mí, demasiado cerca quizás, y en un descuido tropezó y cayó de frente, frenando solamente con las manos y el pecho. Practicamente ví cómo se cayó porque escuché el tropezón antes de caerse y miré para atrás. Esperé a que se recuperara del dolor, lo levanté y como no llevaba agua le ofrecí un poco para lavarse las heridas y le presté mis muñequeras para que se las pusiera sobre las palmas de las manos, que llevaba sangrando. Bajé durante un rato con él, hablamos y se llamaba Adriá, era de un pueblo cercano a Andorra y tenía 22 años. Decía que no era el primer trail al que se apuntaba, pero sí la primera vez que se caía. Lo achacó al cansancio y en un descuido pisó una mala piedra. En estas, veo que los Zaragozanos me vuelven a pillar, y van mas rápido que nosotros. La vena competitiva me salió y dije a mi maltrecho compañero que iba a seguir con los maños.

andorra-outdoor-games-sabado-979562-29475-782-lowY así fue, bajé los últimos kilómetros con ellos, bastante rápido, por la pista que atravesaba el denso bosque de pinos. Justo antes de llegar a meta el recorrido nos introdujo por medio de un prado enorme de cesped en el que ya empezabas a escuchar la música de fondo y al speaker de meta. Esos últimos metros son de pura emoción, fatiga, y sobre todo satisfacción. Cruzamos la mano con las manos en alto y tras pasar la meta nos dimos un abrazo y la enhorabuena. Más tarde llegó la madre y el hijo alicantinos a los que saludé, y poco después llegaba sólo Adriá, con el rostro algo desencajado y muy emocionado. Le di la enhorabuena y él me dió mil gracias por acompañarlo y dejarle las muñequeras. Sin embargo, a pesar de tanto compañerismo, a mí me faltaba algo, supongo que al haber corrido tanto descoloqué a mis amigos. Llegué con más de media hora de antelación sobre lo que yo tenía pensado. Al poco de recuperar energías y líquidos me salí de la zona de meta y los ví venir al poco rato mientras estiraba. AL verlos me noté excitadísimo. Les expliqué cómo había sido toda la carrera y no daba abasto a hablar. Era pura ilusión y endorfinas. Nos echamos varias fotos de recuerdo, y fuimos a comer el arroz que la organización había preparado para los participantes.

tiasDespués de comer fuimos sin miramientos a preguntar por las entradas del naturlandia y sobre lo que merecía la pena del parque. Cogimos la furgoneta y bajamos a la zona de actividades que estaba más abajo, aunque al día siguiente que yo no estuve Álvaro nos contó que en esa parte también había un parque de animales muy bonito con osos, ciervos y hasta linces ibéricos.

Lo primero que hicimos fue subirnos a la atracción estrella del parque. El tobotronc. Un tobogán larguísimo de 5 km en el que puedes ir sobre las vías más rápido o más lento según lo que frenaras. Nosotros por supuesto bajamos sin frenar, aunque al principio costaba bastante vencer a ese miedo que te entraba con la velocidad y las curvas. Después de haber hecho una larga cola para subirnos al tobotronc, tomamos un refrigerio en la cafetería y IMG-20150729-WA0011fuimos a una especie de gymkhana que se llamaba Airtrekk, de “Air” y “trekking”, porque consistía en ir andando en equilibrio en esa estructura de varios pisos sobre cuerdas, maderas y otras estructuras sin caerte. En todo momento íbamos asegurados con una cuerda que se deslizaba sobre un raíl encima de nosotros, pero el vértigo era enorme y al final no pude pasar por algunas barras sin ir cogido a la cuerda de seguridad. Para terminar el airtrekk nos bajamos haciendo tirolina. Un día de no parar. Creo que si nos hubieran puesto puenting también nos habríamos tirado.

Después fuimos al tiro con arco, que me sorprendió bastante. Me lo pasé muy bien el rato ese tirando a la diana. Álvaro ganó con diferencia pues ya había practicado antes. A continuación jugamos al minigolf, en el que también ganó Álvaro (cual british, como no) y perdí yo. De hecho me acabo de acordar que les debo una cerveza. A ver si no leen esto =D.

20150726_181748A eso de las 19 de la tarde, cerraban el parque y nos bajamos hacia Andorra. Mientras bajamos el puerto, andamos buscando un cartel de una ciudad mediaval, para ir a visitarla pues todavía quedaban horas de luz, pero no lo encontramos. En el hotel caimos a la cama todos rendidos. Mientra uno se duchaba los demás dormían. Cuando nuestros culos dijeron de levantarse del sillón-cama, fuimos a dar una vuelta por Andorra para buscar un sitio para cenar. Esta vez fuimos por una calle menos comercial, pero en la que había otro típo de tiendas muy interesantes de alcohol y tabaco baratos, y tecnología. Lo que sí que me extrañó era que no ponían el precio en nada de tecnología. Supongo que se acepta el regateo por aquí.

Íbamos con la idea de pizza, pasamos por varias que nos gustaron, y al final nos quedamos en la más grande del centro. No me arrepiento la verdad. El precio que pagamos fue merecido, por el sitio, la atención y la comida. Probé la pizza de Juan de queso de cabra, miel y nueces y creo que fue de lo mejor que había probado últimamente aunque las demás pizzas tampoco estaban nada mal. Esa noche fuimos a descansar pronto. Yo lo necesitaba para recuperar, y Jesús y Juan también para el día siguiente. A partir de aquí nos íbamos a separar pues yo me iba a venir a Murcia solo para estar el Lunes en la Arrixaca. Bajé por la mañana temprano a acompañarlos en el desayuno y despedirme. Luego seguí durmiendo un rato más, hasta las 9. Recogí todo, pagué en recepción y bajé hacia el centro andando con mi mochila a pasar la mañana hasta que llegara el autobús a las 13. Estuve de compras, y aparte del hecho mismo de entretenerme viendo cosas, me quedé embobado con una tienda enorme de 4 plantas dedicada sólo a deporte. También entré a visitar otra tienda enorme que se llamaba “KILVIL” en la que tenían material y ropa de ciclismo de montaña chulísimo, de postureo total. Después del paseo por las tiendas, acabé también cansado y me fui a un parque a descansar hasta que se hiciera la hora. Al final, durante la vuelta en bus y en tren, me puse atento al whatsapp para ver cómo les iba a Jesús y Juan.  Lo que me contaba Álvaro parecía una broma, decía que Jesús había pinchado dos veces  y se había quedado tirado en el bar de un pueblo en mitad del monte y Juan, a eso de las 15 todavía no había terminado ni se sabía nada de él. Yo la verdad es que me preocupé bastante, pero menos mal que Juan llegó bien y pudieron recoger a Jesús.

Ha sido un finde muy difícil de mejorar. Montaña, deporte, adrenalina, aventura y amigos son una mezcla a la que no me puedo resistir, espero poder seguir haciendo esto muchos años más, hasta que el cuerpo aguante.

¡HASTA LA PRÓXIMA AVENTURILLA!

“Epílogo”

La vida no debería ser un viaje hacia la tumba con la intención de llegar a salvo con un cuerpo bonito y bien conservado, sino más bien llegar derrapando de lado, entre una nube de humo, completamente desgastado y destrozado, y proclamar en voz alta: ¡Uf! ¡Vaya viajecito!

Hunter S. Thompson

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Vía Verde del Noroeste

ETAPA 1: Murcia – Albudeite.

DSC_0001La idea de hacer esta ruta por etapas vino de Jesús, en alguna charla entre nosotros seguro que saldría a idea, sólo nos faltaba concretar fechas. Él se encargó de reclutar a la gente y reservar los albergues. Al final somos cuatro interesados, un numero ideal para una ruta así. Jesús, Anja, Lucas y yo.

La primera etapa iba a ser corta (35km) y con la luz del atardecer cuando el calor ya no es insoportable. Después de comer me preparé todo con bastante tiempo de antelación y después hasta me dio tiempo de sobra para ir a la tienda de mi tío a por más parches por lo que pudiera pasar. A eso de las 18:30 ya estábamos Lucas, Jesús y yo listos para ir a por Anja a Espinardo. Yo voy con la mochila un poco más cargada que los demás, y aunque durante la ruta muchas cosas como la chaqueta y el botiquín han sido prescindibles, tampoco me importaba ir con algo más de peso por si dado el caso nos hubiera hecho falta. Al llegar a casa de Anja insisto en coger los candados de las bicis por si acaso y luego tampoco los usamos. Ya estamos los cuatro listos y sin perder mucho el tiempo salimos de Espinardo porque la noche se nos echa encima. Los primeros cuestarrones antes de llegar a la Universidad se hacen fáciles, menos mal que vamos frescos, pero yo con el peso que llevo muchas cuestas de esa pendiente no sería capaz de aguantar.

DSC_0003Llegamos al punto de inicio de la Vía Verde en el campus de Espinardo, nos hacemos la foto de rigor, y empezamos a pedalear por el plano camino que en estos primeros kilómetros son bastante cómodos. El trazado de la Vía Verde a partir de ahora será familiar. El tipo de camino será todo parecido hasta Caravaca. No hay excesivas pendientes ni curvas pronunciadas en el antiguo trazado de la vía del tren y nos encontramos con muchas zonas donde se ha excavado la tierra para evitar las pendientes y vamos como por un pasillo enorme donde a veces no entra el sol. Los primeros kilómetros pican muy ligeramente hacia arriba y tras pasar la urbanización de Agridulce ya todo es favorable hasta Molina. Durante estos kilómetros, al ir siempre cerca de los pueblos nos encontramos con bastante gente en la Vía ya sea andando, corriendo o en bici. Durante el primer tramo de esta primera etapa tenemos algunos tramos más lentos, más rápidos, pero bastantes cruces de carreteras, y algunas curvas pronunciadas en el camino, lo que impide coger un ritmo rápido y constante.

DSC_0016Al poco de dejar Molina cruzamos el río por un puente de metal con unas tablas en el suelo que retumban fuertemente al pasar nuestras ruedas sobre ellas. Justo después de pasar este puente nos encontramos en Alguazas, y gracias a los carteles podemos ir siguiendo el recorrido, que ya no es tan intuitivo, porque va por caminos rurales, y no por el antiguo trazado del tren. Llegamos a un camino paralelo a una vía de tren moderna y recuerdo que en ese tramo tenemos que buscar un puente para cruzarlo al otro lado. Hay una zona recreativa muy grande con pistas de baloncesto y hasta un restaurante en lo que era la antigua estación, y sin mirar el mapa encuentro el famoso puente, que parece un scaléxtrix. Al bajar del puente no encontramos señalización de por dónde seguir y preguntamos a unos jóvenes que están en un balcón de una casa por dónde seguir. Seguimos sus indicaciones y pasamos por la antigua estación y por la plaza del ayuntamiento. Luego giramos a la derecha y al seguir rectos reconozco lo que es la carretera del campo de fútbol, pero nos pasamos la señalización y tenemos que dar la vuelta unos metros hasta que vemos por dónde era.

DSC_0013A partir de aquí hay unos kilómetros malos, de caminos no muy planos, muy bacheados y con curvas, ya que no se va por el trazado original, ahora ocupado por fincas privadas supongo. También muchos cruces cada pocos metros, lo que impide ir rápido, pero como hace buen tiempo y vamos todavía con las piernas frescas no se nos hace muy duro. Hay hasta un tramo curioso en esta parte en el que en vez de ser pista, el camino se convierte en senda muy estrecha debido a los matorrales a un lado y otro, y lo curioso es que los matorrales son en su mayoría cardos silvestres, por lo que hay que ir atento a no rozarse con las plantas si no quieres pincharte los brazos y piernas. Un poco más adelante giramos a la derecha bruscamente y nos encontramos una cuesta pronunciada que tras subirla y avanzar un poco nos lleva a una planicie desde la que ya se ve Campos del Río.

DSC_0010Justo antes de llegar a Campos del Río, vamos siguiendo el camino indicado por las flechas pero nos damos cuenta que es mucho más corto si seguimos la carretera. Supongo que se habrá diseñado precisamente así para evitar lo máximo posible la carretera. Tras una zona de curvas reviradas, cuestas, y caminos en zig zag llegamos a Campos del Río que siguiendo las indicaciones que hay dentro del pueblo no tenemos problema en salir de allí. Pasamos por la antigua estación, ahora convertida también en albergue, y hay una plaza muy bonita y está todo lleno de niños jugando.

A la salida del pueblo si que nos perdemos un poco, no está bien señalizado y tengo que sacar el móvil. Veo que hay que hacer un pequeño tramo por carretera y en la segunda rotonda girar a la derecha pero como es cuesta abajo, tras la segunda rotonda seguimos hacia abajo, en vez de girar a la derecha y meternos por el trazado de la vía verde. En el siguiente cruce nos paramos y tras mirar el mapa en el móvil nos volvemos a incorporar a la Vía Verde, que ahora si es el trazado del tren y es un camino plano y muy recto. El sol se está metiendo ya y nos entran unas pocas prisas por llegar y que no se os haga oscuro. Pasamos por varios puentes enormes sobre las ramblas de la zona y Anja flipa con el paisaje de bad lands que se puede ver desde los mismos, ya que no está acostumbrada a esas formaciones de tierra en Alemania.

DSC_0012En cuatro pedaladas más llegamos a Albudeite, con el sol ya ausente pero todavía con algo de luz. Allí nos está esperando el encargado para abrirnos las puertas y explicarnos cómo funciona todo. El albergue me sorprende un montón, pues es muy grande y tiene más comodidades de las que yo me podía imaginar, como cocina totalmente equipada y sofás. Están todos los muebles nuevos y los colchones perfectos, el único pero de la casa es que se dejaron una bolsa de basura en la cocina y había algo de mal olor proveniente de ahí y de las tuberías, pero para mí no era muy incómodo. Abrimos las ventanas y se fue un poco.

En la parte de detrás del albergue (que era también una antigua estación) hay unas casas con niños jugando, y por curiosidad se vienen con nosotros y se meten hasta dentro para pasar el rato con nosotros. Mientras, Lucas y yo nos acercamos al centro del pueblo en bici para ver si encontramos algún sitio donde comer algo caliente y sólo encontramos un bar dónde nos hacen unos montaditos que nos vienen genial. Entre eso, la pasta que cocina Jesús y algo más de fruta cenamos esa noche. Al final tenemos que ir casi echando a los niños del albergue porque queremos descansar y ya se había hecho algo tarde. Los baños estaban muy limpios pero me hizo gracia que la luz no fuera fija y había que estar cada dos por tres levantando la mano para que se encendiera la luz mientras me duchaba. Lucas me preparó la cama sin que se lo pidiera, y pese a que los colchones y las condiciones de la habitación eran idóneas para dormir, yo no descansé muy bien esa noche. Al día siguiente los demás me dijeron que tampoco. Excepto Lucas, que fue caer en la cama y empezar a roncar.

ETAPA 2: Albudeite – Caravaca 

DSC_0018A las 8:00 de la mañana suenan los despertadores, pero nos cuesta levantarnos bastante. Sólo Lucas parece estar más espabilado y nos mete prisa para que salgamos pronto porque no quiere pasar calor sobre la bici. Desayunamos, preparamos todo y sobre las 9:00 salimos del albergue con un sol radiante y un fresco envidiable que duraría poco. Además lo bueno del día de hoy es que por a orientación de la ruta llevaríamos el sol a nuestras espaldas por lo que no nos molestaría mucho, sólo a nuestros cogotes. Lo malo, que es todo picando hacia arriba, excepto al salir de bullas que baja un poco. Vamos cargados de agua aunque conforme va avanzando la ruta vemos que no es muy importante porque cada pocos kilómetros hay un pueblo en el que cargar agua en caso de necesidad. Los primeros kilómetros tras salir de Albudeite son muy llevaderos, aunque pican hacia arriba, como hace fresco y vamos todavía descansados no se nos hace muy pesado.

DSC_0022Antes de lo que pensaba nos plantamos en Mula y al salir de Mula el recorrido hace unos sube y baja un poco innecesarios pero que sirven para calentarte bien las piernas. Una vez que termina esa pequeña montaña rusa, volvemos a entrar en lo que vuelve a ser el antiguo trazado de la vía verde en el Niño de Mula. Esta parte recuerdo haberla hecho con Jesús anteriormente y ser la mas bonita de todas, hasta Caravaca. A partir de aquí el paisaje ya es muy diferente de Mula hacia abajo, se han acabado los bad lands y el esparto ha dado lugar a los huertos de frutales, vides y algunas pinadas. También es bonito este tramo por los numerosos puentes por los que vas pasando, desde los que se divisan las fincas bien cuidadas que proveen de fruta a muchas bocas, y también por varios túneles que hay justo al pasar el Niño de Mula.

DSC_0031Al poco rato después pasamos por la estación de la Luz, una estación rural alejada de grandes pueblos, pero que se ha transformado también en albergue para los peregrinos. Justo antes de llegar tenemos que atravesar literalmente un rebaño de ovejas que pasaba por allí y en la sombra de los pinos nos tomamos un pequeño descanso para hidratarnos, alimentarnos y echarnos cremita. De aquí en adelante, pese a que el trazado es ascendente, es relativamente llevadero, pues vamos por zona de monte, entre la sombra de los pinos, puentes, túneles y pasillos de tierra.

A una hora para llegar al mediodía llegamos a Bullas, y ya va pegando fuerte el astro rey, por lo que en el primer bar que encontramos con terraza nos paramos a descansar y tomar algo. Estamos allí casi una hora en la que también aprovechamos para ir a comprar algo a un supermercado, por lo que salimos justo a mediodía con el sol en nuestras espaldas. Durante el callejeo por Bullas subimos y bajamos un poco pero al salir de Bullas ya nos metemos en una carretera que va por bonitos huertos de frutales y cereales. En una de las bajadas me pongo a seguir a Jesús que va bajando rápido pero en una curva más cerrada de lo que parecía tengo que frenar bruscamente para no salirme de la carretera e incluso derrapo un poco pero afortunadamente, ni me salgo, ni me caigo. La única consecuencia de esto es que la rueda de mi bici parece que se ha descentrado bastante, y tendré que ir durante el resto de la ruta con la rueda bailando, pero no es mucho y no me frena mucho tampoco. A partir de este susto ya no volvía a embalarme mucho y era más precavido en las curvas. No es esta la ruta más indicada para correr riesgos.

DSC_0032Seguimos entre pinadas y huertos y tras varias rectas larguísimas, llegamos a Cehegín, un pueblo que me impresiona por la cantidad de iglesias que se ven desde la vía, además de que la forma del pueblo enclavado en una suave colina es bastante llamativa desde lejos. En un cruce nos medio perdemos porque parece quela vía verde sigue por donde íbamos pero un cartel también nos indica que podemos ir por las calles del pueblo, así que para evitar perdernos nos metemos por donde dicen las señales, aunque a la vuelta nos daríamos cuenta de que se puede ir también por fuera del pueblo por una pista de tierra recién hecha.

Justo a salir de Cehegín, ya podemos ver Caravaca y el santuario de la Vera Cruz. El final de nuestro día se acerca, y menos mal porque el sol nos está dando con fuerza. Con la ilusión de llegar antes, endurecemos un poco el ritmo pero por poco tiempo, cuando llegamos a la antigua carretera de Murcia que está rodeada de árboles aflojamos el ritmo porque Lucas no está por la labor. Vamos disfrutando de los enormes plátanos que envuelven la carretera y las empresas de mármol que hay a nuestra izquierda.

DSC_0034Justo antes de llegar a Caravaca, la Vía verde nos desvía por las afueras del pueblo, y tras varios cruces y caminos entre los huertos llegamos a una estación enorme que parece ser la última parada de este gran camino que une Murcia y Caravaca. Hay un área recreativa y hasta un restaurante con mucha gente comiendo en la terraza. Nos paramos a la sombra de la estación a descansar y por sorpresa nos encuentra el encargado del albergue de las fuentes del Marqués y nos dice que en 20 minutos nos espera allí.

Son las dos de la tarde y el calor es ya insoportable, sólo nos queda ir a las Fuentes del Marqués, que está a unos 10 min pedaleando. Vamos ya despacito, algo apajarados sabiendo que los deberes del día ya están hechos. Al llegar a las fuentes nos sentamos en un muro bajo un olivo a descansar y comer algo. Por lo menos yo no puedo esperarme a engullir el último bocata que me quedaba.

DSC_0042Nos abren el albergue, y aunque éste tiene menos comodidades que el anterior, también está muy bien cuidado, y lo que más se agradece es la ubicación. Tras dejar las mochilas y las bicis dentro, nos damos una vuelta por el paraje, e incluso buscamos una zona de baño pero los carteles avisan de que está prohibido. Lo único que sí hacemos es buscar una zona bajos los álamos que no estuviera muy concurrida y fuera cómoda para meter los pies en el agua.

Tras el descanso idílico en aquellas aguas, cogemos las bicis y nos bajamos a Caravaca a buscar algún sitio para comer. Se nos han hecho casi las 4 y en varios bares de la zona nos dan calabazas porque la cocina ya está cerrada. Por suerte encontramos uno en el que hay como una celebración en el que tras varios intentos, conseguimos que por lo menos nos traigan unas ensaladillas, una ensalada y unos platos de pasta que estaban deliciosos. Un gran premio para un gran día.

DSC_0047Al salir de aquel bar y despedirnos del simpático camarero argentino, vamos a una heladería justo al lado y nos pedimos unos helados y granizados. Poco a poco ya vamos recuperando fuerzas, pero antes de volver al albergue pasamos por un supermercado a comprar todo lo necesario del día siguiente. Cargo la mochila hasta los topes y cuando llegamos al albergue nos volvemos a tirar a la cama como perrillos.

Esa tarde teníamos planificado hacer una ruta que subiera a Moratalla y después subir al pico del Buitre, pero ya se estaba haciendo tarde y creo que las fuerzas y sobretodo ánimos del grupo no estaban para muchas locuras. Lucas tenía claro que no iba a hacer mas ejercicio por hoy y yo cambié de idea al decir Anja de hacer una ruta más fácil por los alrededores de Caravaca. La ruta eran unos 1 km y consistía en subir a unos montes justo al norte de la ciudad.

DSC_0050Me descargué la ruta y en 5 minutos estábamos saliendo los tres sin Lucas con las bicis. Menos mal que íbamos descargados, si no hubiera aguantado ni la mitad de las cuestas que íbamos a subir. La ruta resultó ser muy entretenida técnicamente, el primer desvío ya era un aviso de que no todo iba a ser pista, y nos metemos por el margen de una rambla que resulta ser un camino bastante entretenido. Al terminar este tramo, todo en subida, le sigue una zona de senda en la que Anja empieza a sufrir, pero es normal teniendo en cuenta su experiencia en Mountain Bike. Aún así se desenvuelve muy bien para lo técnico que es el camino. La alemana no es delicada para nada. Y aunque le cueste lo hace sin quejarse.

DSC_0056Nos equivocamos de camino pero en un momento tras mirar la ruta cogemos el sendero correcto. Después de terminar la zona de senda desembocamos en una carretera que sube hacia arriba y ahí empezamos a disfrutar de enormes paisajes de Caravaca y alrededores y de la propia montaña, que es diferente a todo lo que estamos acostumbrados. Está todo como mucho más verde, el tipo de tierra es diferente, y entre que se ha escondido el sol y hay una especie de neblina débil, le da un toque místico a aquella subida.

La ruta de pronto nos saca de la carretera y nos mete por una pista de tierra casi violácea en la que tenemos que afrontar difíciles subidas, donde Anja vuelve a sufrir. Las zonas de mucha pendiente le cuesta arrancar con la bici, pero las supera y a partir de ahí la pendiente suaviza. El silencio se empieza a hacer latente, y cada vez hay menos luz. Por último la ruta nos lleva por un sendero estrecho y algo técnico pero muy entretenido para Jesús y yo, que afortunadamente Anja pasa bastante rápido. Al terminar el sendero volvemos a desembocar en una carretera que nos lleva a una casa con una fuente llamada según el diseñador de la ruta “casa balsicas”. Junto a esa casa nos encontramos un pequeño mirador desde el que nos echamos una foto. Jesús descubre otro camino nuevo y se queda con ganas de seguir subiendo pero ya se está haciendo oscuro y yo voto por bajarnos ya que bastante habíamos tenido por hoy. Y más que nos esperaba al día siguiente.

ETAPA 3: Caravaca – Murcia

DSC_0063Antes de todo he de decir que en principio nuestra idea era ir hasta Cieza y según nos viéramos e fuerzas volver a Murcia por la mota del río o volver el tren. Pero entre que no conocíamos bien el camino, en el perfil de las etapas había dos puertos que asustaban un poco y que los días anteriores o sabíamos si nos iban a pasar factura optamos por una opción mas fácil pero no sencilla que era volver a Murcia por la vía verde. Las ventajas respecto el otro camino eran que el camino ya lo conocíamos por lo que no tendríamos que perder tanto tiempo en buscar el recorrido en cada cruce, y que todo el recorrido era cuesta abajo, y los primeros dos tercios de la ruta con muy buen firme en el que se puede rodar rápido.

Pues con esas nos levantamos y como el día anterior, salimos a eso de las nueve desde las Fuentes del Marqués con las mochilas cargadas de comida, bebida y ropa. Esa noche todos hemos dormido mejor que la anterior pese a que los colchones eran peores, pero el cansancio seguro que ha sido el culpable. Durante las primeras horas llevaríamos el sol de cara, pero como no es excesivamente temprano, no nos molesta mucho en lo ojos.

DSC_0065De los primeros kilómetros decir que como picaba hacia abajo, íbamos con la directa metida. Justo al principio de la vía verde en la estación de Caravaca nos pasamos de cruce por la velocidad, y Jesús y Lucas se ponen a hablar y tirar y llegamos a Cehegín en nada. Antes de llegar insisto en pararnos un segundo para echarnos una foto en los preciosos campos de amapolas. En Cehegín nos encontramos unos pequeños repechos pero los pasamos bastante rápido y sin cansarnos. Con el paso de los días en la bici, noto que los músculos se han acostumbrado a ese tipo de esfuerzo y ahora es como si fuera más fácil que el primer día, aunque llevemos cansancio global acumulado en el cuerpo, es como si los cuádriceps estuvieran más fuertes. Al menos yo tenía esa sensación de ligereza en las piernas que no me esperaba tener.

Al salir de Cehegín siguieron Jesús y Lucas con la locomotora puesta y Anja y yo íbamos a rueda, e incluso por muchos tramos íbamos en fila de uno con Jesús tirando del grupo, Lucas, Anja y yo chupando ruedas descansando. Me encontraba bien pero no tenía necesidad de ir tirando más. Si a Jesús le apetecía tirar, que tirase. A rebufo se va encantado. Íbamos bien de tiempo, de fuerzas y de todo, pero aún así seguíamos rápido.

DSC_0069De hecho íbamos tan bien que la parte antes de llegar a Bullas que picaba hacia arriba la pasamos con relativa facilidad, quizás es que era temprano y no hacía demasiado calor. Mezclar cuestas y calor es lo que te mata en la bici. Pero calor y llaneo es soportable por al airecillo que te da.

En Bullas Lucas iba como loco buscando una terraza para tomar algo. Pasamos por las calles empedradas del centro el pueblo, muy bonitas por cierto, y al girar a la derecha tras pasar la plaza del ayuntamiento vimos un jardín con un bar en medio ideal para tomar un descanso. Nos tomamos unas cocacolas y unos cafés y seguimos nuestra jornada hacia Mula.

De aquí hasta Mula más de lo mismo, íbamos enflechados y a ese ritmo propuse de subir al castillo de Mula puesto que íbamos sobrados de tiempo. Al pasar la vía verde por dicho pueblo, nos desviamos hacia el centro y le pregunté a un pedáneo por dónde se subía al castillo. Ya era mediodía  y esa subida con el calor se nos hizo durilla lo reconozco, pero lo más duro fue llegar asta arriba y ver que lo habían vallado todo y no se podía subir al castillo, donde recuerdo que había sobra y podíamos descansar sentados muy a gusto. Foto de rigor y para abajo rápido porque nos estábamos achicharrando. Bajamos por un sitio diferente con más pendiente, y aunque para mí era divertido, para Anja no tanto, que iba muy precavida.

DSC_0075Tras dar unas cuantas vueltas inútiles por el pueblo gentileza de Lucas, encontramos de casualidad la plaza del ayuntamiento que de casualidad había como un mercadillo medieval con varios puestos de comida y antes de que los recogieran compramos unos frutos secos, olivas, tortas de pascua y de chicharrones. En esa misma plaza nos quedamos a comer y descansar hasta que bajara el sol un poco, ya que los bancos estaban en la sombra y no habíamos visto ningún sitio como ese para descansar en todo el pueblo.

Junto a nosotros había un termómetro y estuve todo el rato vigilándolo y no bajó de los 31 hasta que salimos a eso de las 5 de la tarde. Bajamos a buscar un chino que nos vendiera agua, y un bar en el que tomar un café y hacer nuestras necesidades. Después de relajarnos en la terraza del bar, a las 6 salimos de Mula preparados para afrontar la parte mas fea por así decirla del día de hoy. De Albudeite para abajo los caminos no son tan lisos, empiezan las curvas, cuestas, caminos muy bacheados que perjudican nuestro maltrecho culo, y el paisaje es más árido.

DSC_0076En todo el camino de vuelta no tengo que sacar el gps, ya que con dar una vuelta y ver los caminos, o simplemente mirar los carteles, al rato recordábamos por dónde era el camino correcto. La verdad es que se nos hace muy llevadero y no vamos tan preocupados por el tiempo, el viaje de vuelta suele pasar eso.

En varios puentes sobre los que pasamos me doy cuenta de que justo al pasar sobre ellos salen pájaros negros de debajo de nosotros, no se si será porque están volando ya ahí abajo esperando picar algún frutal o porque viven entre los recovecos del puente y al pasar con nuestras bicis se asustan y salen.

Otro detalle que vamos teniendo por esta zona son los conejos, que se nos cruzan delante de nosotros con mucha frecuencia, y si te fijas en los bordes de los caminos puedes ver algunos agujeros que le pueden servir de madriguera.

DSC_0077Antes de llegar a Alguazas Jesús se empieza asentir apajarado, pero se toma un par de gominolas y se recupera muy pronto. Como ha venido tirando tantos kilómetros, le ha pasado factura. Una vez en Molina nos acordamos de Ricardo, y lo llamamos para ver si podemos hacerle una visita pero está en casa de su padre en Murcia.

El sol ya está cayendo, la luz se vuelve más amarilla y el último tramo que pica hacia arriba justo antes de llegar a Espinardo lo pasamos en plan rápido porque sabemos que es la última subida antes de bajar a Murcia. Jesús y yo nos emocionamos tanto que dejamos muy atrás a Anja y Lucas.

DSC_0080Al llegar al campus de Espinardo echamos las fotos de rigor como final del recorrido y nos despedimos de la Vía verde para bajar a Murcia por las carreteras y carriles bici que tan bien conocemos.

Como conclusión de la ruta diría que se me ha hecho más fácil de lo que pensaba, y volvería a repetir esta fórmula algún fin de semana con este tiempo. La vuelta del domingo aunque parece que es una etapa demasiado larga, se hace llevadera porque es cuesta abajo, y creo que los dos días anteriores si no te has pasado de vueltas ni de desarrollos, y has conservado bien tu culo y tus manos te sirven incluso de entrenamiento. Lo bueno es que tienes pueblos cada pocos kilómetros para cargar agua y si te pasa algún imprevisto no te vas a quedar en medio de la nada. Y por supuesto, que los albergues estaban muy bien y por muy poco dinero. Ha sido un finde perfecto de desconexión.

Resto de fotos aquí

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Un día ganado

Casi inconscientemente, me estoy dando cuenta que nos las apañamos para la noche antes de una ruta hacer algo para acostarnos tarde. Nos ha pasado ya varias veces. Esta vez toca la excusa de ver una peli, y eso junto a la falta de previsión por mi parte hace que por la mañana tenga que madrugar y perder más tiempo del necesario en descargar y mirar todos los detalles de la ruta. Otra vez a pedir perdón a los demás, aunque gracias al Whatsapp nadie tiene que esperarme en la calle con ganas de matarme.

La compañía de hoy es especial pues vienen dos amigas con escasa experiencia en montaña pero dispuestas a disfrutar como pequeñas de un día de nieve y libertad. El coche va completo, como debe ser. Mientras salimos de Murcia vemos a un montón de jóvenes ataviados para la carrera de polvos de colores pero nosotros probablemente lo pasemos tan bien o más que ellos. Además, no siempre se tiene la oportunidad de poder pisar tanta nieve tan cerca de Murcia.

El día es espléndido no, lo siguiente. Ni una nube, nada de aire y temperatura más que soportable. El viaje en coche la verdad es que se me hace muy corto pues vamos hablando y yo voy disfrutando del paisaje más de lo normal, ya que hace tiempo que no salgo a espacios abiertos y mis ojos necesitaban algo de amplitud. De vez en cuando con el rabillo del ojo, voy mirando por el retrovisor a otro paisaje que tengo detrás, y me doy cuenta de lo afortunado que soy en ese momento.

Un hecho que nos llamó la atención fue el denso tráfico que nos acompañaba todo el tiempo. De hecho tras dejar atrás Caravaca y ya en la carretera hacia Almaciles, llegamos a estar parados por la cantidad de coches que nos dirigimos al mismo lugar. Al ser domingo mucha gente quiere ver la nieve. Conforme vamos llegando a Cañada de la Cruz van apareciendo las primeras manchas de nieve y ya se pueden divisar las primeras sierras nevadas, lo que hace que nuestra ilusión vaya aumentando.

Lo dicho, por lo menos para mí ver la nieve es como para un crío. No estamos acostumbrados. Pasamos unos puertos y de repente nos encontramos con una llanura llena de nieve a un lado y otro de la carretera, justo antes del desvío para Cañada de la Cruz. Hay muchos coches parados en el arcén de la nacional para ver la nieve, con el peligro que eso conlleva, pues estrechan la carretera bastante. Nosotros, más aventureros, vamos a un lugar más recóndito.

La idea es ir a la Sierra de las Cabras ya que nunca hemos ido y la otra vez que vine con nieve no pudimos llegar con los coches por el estado de la carretera, que esta vez está igual o peor. Así que cuando veo que hoy tampoco está nada limpia en un cruce doy la vuelta para que no nos pase la gracia de quedarnos atascados como la otra vez. No llevo cadenas no, y por muy suave que acelere si la rueda dice de no agarrar, no agarra.

Lo único que queda es ir a Revolcadores, que ya lo conocemos bien y la carretera suele estar mejor. Aunque ha nevado tanto esta vez que la carretera tampoco está limpia del todo, y no podemos llegar a la explanada donde paramos siempre. Decido dejar el coche más atrás porque me encuentro una cuesta en curva con nieve que dudo que pueda subirla y ni lo intento por si acaso. De hecho, al aparcar el coche saco dos ruedas del asfalto y noto como que se “resbala” cada vez más fuera de la carretera. Ahí lo dejo, espero que luego se haya derretido parte de la nieve y pueda salir sin problemas. Reconozco que es divertido conducir con nieve y notar que estás derrapando. Pero hoy locuras las mínimas posibles.

Nos bajamos del coche más cerca del mediodía que del amanecer y nos ataviamos para la ocasión. Yo me atrevo a ir sin chaquetón, pues no hace nada de viento y el frío no es excesivo aunque luego a la bajada si que lo eché en falta un poco. Tomamos unos frutos secos y al fin emprendemos la marcha. La carretera, una vez que superamos la curva que no me atrevo a pasar veo que no está tan mal, pero bueno, también es un buen paseo este pues todo nuestro alrededor está lleno de nieve y el paisaje es como muy siberiano.

Vamos bromeando mientras paseamos y con tanta nieve a nuestro alrededor no podemos resistirnos a no tirarnos bolas. Aunque la guerra que hacemos no es muy salvaje y todos salimos indemnes. Después del jugueteo seguimos andando por la carretera, pues todavía nos queda para llegar al inicio de la ruta por la montaña. Se está haciendo demasiado largo el tramo de carretera, pero prefiero eso antes que tener que empujar el coche.

Por fin llegamos al desvío donde nos salimos de la carretera y nos metemos a la nieve. El espesor es sustancial y conforme vamos avanzando, la nieve a nuestros pasos va cubriendo desde nuestros tobillos hasta casi nuestras rodillas. La sensación de ir pisando tanta nieve, sentir como se va chafando y hasta el ruido que hace al comprimirse es muy relajante. Es una sensación muy peculiar a la que no estamos acostumbrados. Creo que todos estamos bastante ilusionados y disfrutando del día.

La pista por la que vamos ascendiendo es la subida habitual hasta la cima, pero esta vez no hay huellas de nadie que haya pasado antes que nosotros por ahí, y en una curva que hace el camino hacia la izquierda decidimos seguir por el mismo en vez de girar a la derecha por donde es la subida habitual, ya que no hay huella y está bastante empinado. Hacemos unas fotos divertidas en esa pequeña explanada y seguimos la pista. El grupo parece que va aguantando bien, vamos despacio y sin agobios. En otra explanada donde se abren los árboles nos paramos un segundo y decidimos subir más directos hacia la cima en vez de seguir por el camino, porque vemos que nos lleva hacia la cara Norte de la montaña.

Tomo la iniciativa y voy abriendo huella, pues el espesor de la nieve llega casi hasta las rodillas. Esta parte es la que más me gusta, la verdad. Que haya un poco de dificultad me gusta. La pendiente aumenta y tengo que buscar el mejor camino entre los árboles para subir. Sin embargo, cada vez la pendiente va aumentando más hasta que casi sin querer llegamos a un sitio donde ya tenemos que ir trepando para poder avanzar. De las veces que he venido a Revolcadores probablemente sea el sitio con más pendiente por donde he estado, pero es lo que tiene el ir improvisando la ruta. Afortunadamente todos podemos salvar ese tramo con más o menos esfuerzo y justo al terminarlo tomamos un merecido descanso mientras nos deleitamos con las preciosas vistas que hay a nuestro alrededor.

Tras el descanso decidimos empezar a buscar la bajada porque ya se nos está haciendo tarde para subir hasta arriba y hago de guía del grupo para buscar el valle por donde deberíamos haber subido. La bajada no es tan empinada por suerte, y en un abrir y cerrar de ojos nos plantamos otra vez en la pista por donde subimos. Con la nieve da más confianza bajar porque te va amortiguando y frenando un poco. Incluso se podría bajar corriendo para hacerlo más divertido, cosa que sin nieve sería la muerte para rodillas y tobillos.

En menos de lo que esperábamos, estamos en la carretera otra vez. La bajada es mucho más rápida. Nos encontramos a gente que sube, y les indicamos que para llegar a la cima tienen que girar a la derecha, no seguir por la pista. Cuando estamos casi en la carretera nos paramos a hacer unas cuantas fotos artísticas y a adornar un poco el muñeco de nieve que alguien había hecho antes de nosotros.

La vuelta por carretera es cuesta abajo, más tranquila y suave. Vamos charlando y dejándonos llevar hasta el coche poco a poco. La nieve se ha derretido bastante en comparación con la ida y la verdad es que hasta se te calienta la piel si te da el sol un rato. El día está siendo fantástico la verdad, y justo antes de llegar al coche, aprovecho que los demás se adelantan para ponerme tontorrón y jugar al escondite entre los árboles con Paloma.

Al arrancar el coche no tengo ningún problema para salir, pues ya hay bastante menos nieve que por la mañana. Así, tranquilamente voy conduciendo el coche hasta Cañada de la Cruz, donde me sorprendo de que ya no queda nada de la nieve que había en la llanura cuando llegamos. El cambio de unas horas es muy grande.

Para terminar el día, Álvaro pone el disco de Incubus, y mientras van pasando los minutos de autovía voy viendo como van cayendo uno a uno mis pasajeros hasta dormirse todos. Agotados, pero contentos. Han aguantado bien los valientes. Espero que no sea la última.

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Subida al Mulhacén

No he tenido tiempo de escribir ninguna crónica para recordar el estupendo fin de semana que pasamos. Esta vez sólo quedan las fotos y los recuerdos que puedan quedar en mi memoria.

 

http://s293.photobucket.com/user/Eduardolargo/slideshow/Mulhacen

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